¿Qué te llevarías si te obligaran a huir de tu país? (Ética 4º ESO)

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A raiz de la exImagen_Expo_MostImportantThing2_1421917931.169posición “The most important thing” que hay en el Caixaforum hasta finales de mayo, te pedimos que reflexiones sobre qué te llevarías si tuiveras que huir de tu casa en apenas unos minutos por un conflicto bélico o por ser perseguido por tu religión, raza, etc.

Las fotos de la exposición nos enseñan lo que se llevaron estas personas cuando tuvieron que huir de Siria, Sudán, Mali o Rep. Centroafricana. Hoy hay más de 43 millones de personas que desgraciadamente han vivido esta experiencia y se encuentran en campos de refugiados en países distintos a los suyos

Te invitamos a:

a) comentarnos qué te llevarías tú personalmente y por qué

b) ver este video y dejar un comentario https://www.youtube.com/watch?t=44&v=Zq6aF-elpNU

c) ir a la expo y contarnos tu experiencia http://obrasocial.lacaixa.es/nuestroscentros/caixaforummadrid/themostimportantthing_es.html

 

 

Kant: “Atrévete a servirte de tu propia razón”

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1) Escribe la frase que más te llame la atención de este texto sobre Kant y dí porqué.

2) Haz una reflexión en la que argumentes si la educación que recibes te exige pensar por tí mismo o repetir conocimientos.

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Kant tiene fama de ser un autor de escritura difícil y soporífera. Es quizás, junto con Aristóteles y Hegel, el arquetipo de filósofo esotérico, cuyos textos solo pueden entender una exigua minoría de personas. De hecho, se le atribuye a Borges la boutade de que es más fácil comprender a Kant en inglés que en su lengua materna, el alemán, puesto que en la versión original de la Crítica de la razón pura abundan los párrafos interminables en los que se anudan los paréntesis y las matizaciones, mientras que en la traducción inglesa se ha optado por separar estos párrafos con puntos que hagan respirar el texto y faciliten su lectura.
Su traductor inglés se quejaba del estilo kantiano en los siguientes términos: “Kant fatiga al lector con frecuentes repeticiones y emplea un gran número de palabras para expresar de la manera más torpe posible algo que podría haber dicho de manera más clara y precisa con unas pocas palabras”. Quizá la fama que tiene la filosofía alemana, y especialmente la de Kant, de ser pesada y aburrida se deba en gran parte a la propia lengua alemana. O quizás se deba al poco tiempo que dispuso para escribirla, o a que quiso decir demasiado, pues él mismo afirmaba que “más de un libro hubiera sido mucho más claro si no hubiera querido ser tan enteramente claro”.

Filósofo mundano
Pero además de sus tres célebres Críticas, Kant escribió también una serie de opúsculos dirigidos a un lector no especializado, donde su estilo es más claro y comprensible y en los que trata cuestiones más accesibles para el público general. Es decir, Kant, como David Hume o Bertrand Russell, no fue solo un filósofo esotérico, es decir, un filósofo que escribe únicamente para un público restringido, compuesto casi exclusivamente de filósofos, sino que también fue un filósofo exotérico, alguien que escribió textos dirigidos al ciudadano de a pie. O para decirlo con terminología kantiana, Kant no solo fue un filósofo académico, sino que también cultivó la filosofía mundana (De hecho, fue el primer filósofo de la Edad Moderna cuyo trabajo consistió en ser profesor de filosofía, pues Descartes, Locke, Spinoza o Hume eran más bien filósofos amateurs que se ganaban la vida con otra ocupación: mercenario, médico, pulidor de lentes o diplomático). Según Kant, el filósofo que no tenga en cuenta las aspiraciones de la filosofía mundana traiciona la vocación principal del filósofo: la responsabilidad de dirigirse a las necesidades intelectuales de sus conciudadanos. Si la práctica de la filosofía se realiza exclusivamente por especialistas y se dirige exclusivamente a las necesidades e intereses de los especialistas, entonces no debería llamarse propiamente filosofía.
Así que además de la Crítica de la razón pura, la Crítica de la razón práctica y la Crítica del juicio, que suelen ser huesos duros de roer para el neófito en filosofía, Kant también escribió otros libros en los que abordaba cuestiones que podrían interesar a un público amplio, como Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime, una de sus primeras obras; Antropología en sentido pragmático, la última de ellas; o alguno de sus opúsculos más conocidos, como La paz perpetua, donde propugna la creación de una institución que sería algo así como la Organización de Naciones Unidas para evitar la guerra entre los estados; o ¿Qué es la Ilustración?, el texto que hemos elegido para introducir su filosofía.


Minoría de edad

En 1794, la Berlinische Monatsschrift, la revista mensual de Berlín, le pide a Kant que escriba un breve artículo explicando a sus lectores qué significa para él la Ilustración, y Kant les entrega su Contestación a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?, que se publica dos meses después de que Moses Mendelssohn escribiese la suya. Estas diez páginas que Kant escribió para la ocasión llegarán a convertirse en uno de los textos fundamentales del autor, imprescindibles para entender tanto la Ilustración como la filosofía contemporánea.
El primer párrafo del texto es sobradamente conocido: “La Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía de algún otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración.”
Y el texto continúa así: “Pereza y cobardía son las causas merced a las cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad durante toda su vida. […] Es tan cómodo ser menor de edad. Bastar con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral, a un médico que me prescriba dieta, etc., para que yo no tenga que tomarme tales molestias. No me hace falta pensar, siempre que pueda pagar; otros asumirán por mí tan engorrosa tarea”.

Pensar por sí mismo
La idea que defiende Kant es que el ser humano debe abandonar el estado de dependencia (Unmündigkeit) o minoría de edad espiritual en el que se encuentra por su propia culpa, por simple cobardía y pereza. Debe emanciparse de esa situación y atreverse a utilizar la razón para guiarse a sí mismo, sin la tutela ejercida por su confesor, su médico de cabecera o cualquier otra figura de autoridad. En suma, debe ejercitar la capacidad de pensar por sí mismo (Selbstdenken) y no permitir que otros piensen por él.
“Así pues, al querer definir el término «Ilustración» –explica Roberto Aramayo en la excelente introducción que ha escrito para este texto–, Kant viene a identificarla con su propio quehacer como profesor universitario. Sus alumnos, según el testimonio de Herder, no recibían otra consigna que la de pensar por sí mismos y ésa será justamente la divisa del movimiento ilustrado: ¡atreverse a pensar! Acostumbrarse a ejercitar nuestra propia inteligencia sin seguir necesariamente las pautas determinadas de cualquier otro. El hombre debe aprender a emanciparse de toda tutela y alcanzar una madurez suele rehuir por simple comodidad”.
En ¿Qué significa orientarse en el pensar?, otro opúsculo que escribió dos años más tarde, Kant amplía alguna de las ideas fundamentales que expuso en ¿Qué es la Ilustración?: “Pensar por cuenta propia significa buscar dentro de uno mismo (o sea, en la propia razón) el criterio supremo de la verdad; y la máxima de pensar siempre por sí mismo es lo que mejor define a la Ilustración. La Ilustración no consiste, como muchos se figuran, en acumular conocimientos, sino que supone más bien un principio negativo en el uso de la propia capacidad cognoscitiva, pues con mucha frecuencia quien anda más holgado de saberes es el menos ilustrado en el uso de los mismos. Servirse de la propia razón no significa otra cosa que preguntarse a sí mismo si uno encuentra factible convertir en principio universal del uso de su razón el fundamento por el cual admite algo o también la regla resultante de aquello que asume […], y con dicho examen verá desaparecer al momento la superstición y el fanatismo”. La Ilustración según la concibe Kant es el instrumento que nos liberará de las cadenas que representan los prejuicios, la superstición y el fanatismo.

Luces y educación
Para conseguir esta Ilustración, es decir, para conseguir que la gente aprenda a pensar por sí misma, es necesaria la educación. Y aunque es una tarea fácil, en el fondo requiere de mucho tiempo. Kant piensa que “implantar la Ilustración en sujetos individuales mediante la educación es relativamente sencillo, pues basta con que los jóvenes se vayan acostumbrando a esta reflexión desde una temprana edad. Pero ilustrar a toda una época es cuestión de mucho tiempo, pues hay muchos obstáculos externos que dificultan e impiden este tipo de actuación”. Kant reconoce que no vive en una época ilustrada (y nosotros tampoco), sino en una época de Ilustración, reconociendo así que ésta es más un proceso (probablemente sin fin) o una actitud que un resultado.
Como ilustrado, Kant considera que educación es la que nos convierte en humanos. Por eso escribió en su Pedagogía que “El hombre no llega a ser hombre más que por la educación. No es más que lo que la educación hace de él. […] Por eso, la educación del hombre es el problema mayor y más difícil que puede planteársele al hombre. En efecto, las luces dependen de la educación y la educación de las luces”. Y luego, un poco más adelante, dice que no se debería educar a los niños únicamente según el estado presente de la especie humana, sino según un futuro estado posiblemente mejor, es decir, de acuerdo con la Idea de Humanidad y con su destino total. Este principio es de gran importancia para Kant, puesto que normalmente “los padres educan a sus hijos en vista solamente de adaptarles a su mundo actual, por corrompido que esté. Deberían más bien darles una educación mejor, a fin de que un mejor estado pueda surgir en el porvenir”. Kant piensa que “la concepción de un plan de educación tendría que recibir una orientación cosmopolita”. Hoy en día algunos pensadores siguen defendiendo la necesidad de este tipo de educación, como Edgar Morin en Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (Paidós, 2001).

Ontología del presente
En Sobre la Ilustración se recogen tres estudios de Michel Foucault donde el filósofo francés reflexiona sobre la importancia de este texto kantiano para entender la filosofía que se hace en la actualidad y, en consecuencia, nuestro presente. “La cuestión que, en mi opinión, aparece por primera vez en este texto de Kant –explica Foucault en la primera clase de su último curso en el Collège de France– es la cuestión del presente, la cuestión de la actualidad: ¿qué es lo que pasa hoy? ¿Qué es lo que pasa ahora? ¿Y qué es este «ahora» en cuyo interior nos encontramos unos y otros, y que define el momento en que escribo?”.
Según Foucault, es la primera vez que aparece la cuestión del presente como acontecimiento filosófico al que pertenece el filósofo que de él habla, la primera que aparece “la filosofía como problematización de una actualidad y como interrogación por parte del filósofo de esta actualidad de la que forma parte y en relación con la cual tiene que situarse”. Por vez primera asistimos a lo que él llama una “ontología del presente”.
La Ilustración aparece en Kant “como acontecimiento singular que inaugura la modernidad europea y como proceso incesante que se manifiesta en la historia de la razón”. En el fondo, la pregunta sobre la Ilustración es una “pregunta a la que la filosofía moderna no ha sido capaz de responder, pero de la que nunca ha llegado a desembarazarse”. Entender la Ilustración implica entendernos a nosotros mismos hoy: lo que somos, lo que pensamos y lo que hacemos. Foucault se plantea que si hoy en día existiese la Berlinische Monatsschrift y formulase a sus lectores la pregunta “¿Qué es la filosofía moderna?”, podríamos responder diciendo que “la filosofía moderna es la que intenta responder a la pregunta lanzada hace dos siglos con tanta imprudencia: ¿Qué es la Ilustración?”.

Un Kant menor
Algunos autores hablan incluso de un Kant mayor y de un Kant menor. El Kant mayor sería reivindicado por los teóricos de la socialdemocracia, como Jürgen Habermas o John Rawls, que conciben la Ilustración como un proyecto perpetuamente inacabado. Frente a este Kant políticamente correcto que nos exhorta a que razonemos todo lo que queramos y sobre lo que queramos, pero que al final obedezcamos, Toni Negri y Michael Hardt reivindican un Kant menor que no refuerce el orden social existente y que ponga en tela de juicio las estructuras del capital y de la propiedad.
Según estos autores, frente a un Kant que nos incita a cumplir con nuestras obligaciones sin rechistar, a pagar los impuestos, a ser buenos soldados, a obedecer sin replicar, habría un Kant menor, “un Kant audaz y temerario que a menudo está oculto, subterráneo, enterrado en sus textos pero que, de vez en cuando, irrumpe con una potencia feroz, volcánica y revoltosa”. El primero “proporciona los útiles para la estabilización de la ordenación trascendental de la república de la propiedad, mientras que el Kant menor hace estallar en pedazos sus fundamentos, abriendo el camino a la mutación y la creación”, dicen en su último libro, Commonwealth (Akal, 2011). Estos autores están convencidos de que la “reforma o el perfeccionamiento de la república de la propiedad nunca conducirá a la igualdad y la libertad, sino que tan solo perpetuará sus estructuras de desigualdad y falta de libertad”. De ahí que sea posible y necesario interpretar a Kant de otra forma, que sea posible y necesario ir más allá de la interpretación socialdemócrata del Kant ilustrado, que pone el acento en sus luces, pero que oculta sus sombras.
No olvidemos que incluso en su época hubo ya autores –como Hamann– que se burlaron de su famosa distinción entre el uso privado de razón (el que ejerce un funcionario, un soldado o un párroco en su puesto de trabajo) y el uso público (el que ejercen estos mismos funcionarios en tanto que eruditos cuando escriben para el público culto), pensando que era tan cómica como la distinción entre lo digno de risa y lo risible. “¿Para qué me sirve el traje de fiesta de la libertad si en casa tengo que llevar el delantal de la esclavitud?”, se pregunta burlonamente Hamann. Según él, el “uso privado es el pan de cada día, del que hemos de prescindir para el uso público”. Y 200 años después, Negri se pregunta algo similar: “¿Por qué deberíamos atrevernos a pensar y hablar por nosotros mismos si esas capacidades han de verse inmediatamente silenciadas por un bozal de obediencia?”. Y ésa es la cuestión que aún estamos dilucidando. ❖ Gabriel Arnaiz en Filosofía Hoy

¿Es racional creer en Dios?

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Como en uno de los debates estamos trabajando el acceso racional a Dios, os propongo la lectura de este artículo de “Filosofía HOY”.

1) ¿Con qué argumentos estás más de acuerdo?

2) ¿Que errores en sus argumentos encuentras?

3)¿Qué te llama la atención?

4) ¿Por qué crees que es tan recurrente el tema de la exitencia de Dios? ¿Por qué piensas que es tan polémico y suscita tanto debate su existencia?

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Cada cierto tiempo suele producirse algún enfrentamiento memorable entre dos filósofos de tendencias contrapuestas. En los años 20, Russell criticó a Bergson por no entender la física relativista; en los 30, Carnap ridiculizó la forma de filosofar de Heidegger en un célebre artículo; en los 60, Searle y Derrida se enzarzaron en una polémica sobre cuál era la interpretación correcta de un elemento de la filosofía de Austin; y en los 90 se montó un escándalo por la parodia que escribió Sokal de la filosofía posmoderna. Parece como si el enfrentamiento fuese algo connatural al temperamento filosófico. El último episodio entre dos sensibilidades filosóficas antagónicas (que antes estaban en el mismo bando, el del ateísmo) lo han protagonizado Antony Flew y Richard Dawkins.

Dawkins: orgullo de ser ateo

Dawkins es un destacado biólogo conocido por su labor de divulgador científico, aunque últimamente se ha centrado más en criticar a las religiones establecidas y reivindicar que los ateos tengan más presencia pública en los medios de comunicación y en las instituciones. “Hoy, el estatus de los ateos en Estados Unidos es equivalente al que tenían los homosexuales hace 50 años. […] La razón por la que tantas personas no reparan en los ateos es que muchos somos reacios a ‘mostrarnos’. Mi sueño es que este libro pueda ayudar a la gente a ‘salir a la luz’, como sucedió con el movimiento gay […]. Es necesario que se dé una masa crítica para que se inicie la reacción en cadena”, escribe en El espejismo de Dios. En el libro, Dawkins se adentra en el terreno de la filosofía de la religión y levanta una polvareda con su estilo ácido y desenfadado. Reivindica el orgullo de ser ateo y no cree que uno tenga que pedir disculpas por serlo (más bien al contrario). Propone, además, el término bright (que en inglés significa brillante o lúcido) como autodenominación en el que el colectivo no teísta podría reconocerse, de manera similar a como hizo el colectivo homosexual con el término gay (que en inglés significa alegre, jovial). Al comienzo del libro confiesa que su propósito es despertar las conciencias de los agnósticos y los indecisos, y sobre todo, las de los creyentes. Su ilusión sería que los lectores religiosos que abriesen el libro fuesen ateos cuando lo cerrasen.

Flew: el ateo sistemático…

Uno podría pensar que el adversario de Dawkins es el típico católico tradicionalista tipo Menéndez Pelayo, dispuesto a combatir la heterodoxia allí donde se encuentre. Nada más alejado de la realidad: Antony Flew ha sido (pues murió hace tres años) el filósofo ateo más conocido de la segunda mitad del siglo xx, al menos en el ámbito anglosajón. Durante la primera mitad, la figura del “filósofo ateo” estaba representada a partes iguales por Bertrand Russell y Jean Paul Sartre. Pero a diferencia de ellos (que solo escribieron ensayos circunstanciales sobre la cuestión), la demolición de la creencia religiosa se convirtió para Flew en un elemento fundamental de su trabajo filosófico, al que dedicó varias obras importantes que marcaron un antes y un después dentro del campo de la filosofía de la religión y de la historia del ateísmo. “No es arriesgado afirmar que, en los últimos cien años, ningún filósofo ha desarrollado el tipo de exposición –sistemática, omnicomprensiva, original e influyente– del ateísmo que puede encontrarse en los 50 años de escritura antiteológica de Antony Flew. Antes de él, las grandes apologías del ateísmo fueron las de los pensadores de la Ilustración como David Hume y los filósofos alemanes del siglo XIX como Arthur Schopenhauer, Ludwig Feuerbach y Friedrich Nietzsche”, escribe Roy Varghese con cierta exageración en el prefacio de Dios existe (Trotta, 2012), el libro donde Antony Flew renuncia a su ateísmo y se vuelve deísta, es decir, donde reconoce la existencia de un dios creador según los nuevos avances de la ciencia.

…QUE se “convirtió” al deísmo

El escándalo saltó a la red cuando empezó a hablarse de que, repentinamente, “el ateo más famoso del mundo” se había convertido al teísmo. Él mismo reconoce en este polémico libro (que por lo visto no escribió él, sino que se lo dictó al tal Varghese) que no se ha convertido en teísta (es decir, que no cree en alguna de las religiones establecidas), sino solo en deísta (como Voltaire y otros ilustrados del XVIII), pues cree “que el universo fue traído a la existencia por una Inteligencia infinita”, aunque sigue negando la existencia de una vida de ultratumba. Flew defiende el derecho a cambiar de opinión sobre un tema fundamental en cualquier momento (aunque uno tenga 85 años), mientras uno aporte razones pertinentes y esté dispuesto a someterlas a discusión. De hecho, antes de ser un firme defensor del libre mercado había sido marxista y hace más de 20 años que se retractó de la opinión de que todas las decisiones humanas están determinadas por causas físicas. Ahora parece que el que antaño fue un fiero combatiente del teísmo se ha vuelto hoy un manso deísta y, como otros célebres casos anteriores (el más notorio sería el del filósofo García Morente), el bando teísta aprovecha para presentar como ejemplo perfecto de oveja descarriada que finalmente vuelve al redil de las creencias verdaderas y al que hay que recibir como a un “hijo pródigo”. Esto es lo que Dawkins insinúa en la página 107 de la nueva traducción de El espejismo de Dios cuando se pregunta “si Flew se da cuenta de que está siendo utilizado” por los creyentes, para comentar después que “es posible que la supuesta conversión de Flew sea recompensada con el premio Templeton”, un galardón de más de un millón y medio de dólares que anualmente concede la Fundación Templeton a una persona viva que haya hecho una contribución excepcional a afirmar la dimensión espiritual de la vida. Con este comentario mordaz, Dawkins está insinuando la “prostitución intelectual” de ciertos científicos y pensadores (o al menos, su instrumentalización, si ellos no son conscientes del todo) al servicio de unas creencias irracionales y deletéreas contrarias al método científico. Parece que la querella entre los dos pensadores viene de antiguo, cuando Dawkins publicó El gen egoísta (Salvat, 2000) y Flew escribió que era “un ejercicio mayúsculo de mixtificación popular”, una obra de divulgación “nociva a su manera, igual que lo habían sido El mono desnudo o El zoo humano de Desmond Morris”.

El Dios de Aristóteles

Decía Einstein que él creía en el Dios de Spinoza (que consideraba que Dios y la naturaleza eran la misma sustancia), y Flew declara en el libro de manera einsteniana que él cree en el Dios de Aristóteles (ese motor inmóvil que mueve el mundo y al que todo tiende). Uno de los elementos fundamentales de la disputa entre los dos autores es la cuestión de si Einstein era ateo (como defiende de manera muy convincente Dawkins al principio de su libro) o no, y por extensión, la de si los descubrimientos científicos nos acercan a la religión o más bien nos alejan de ella. Flew se esfuerza en demostrar que Einstein no era ateo ni panteísta (como Spinoza), y que como tampoco creía en un Dios personal, solo podía ser una especie de deísta (como Aristóteles). Y cita, además, los testimonios de una larga lista de científicos eminentes de principios de siglo (Heisenberg, Schrödinger, Planck…) y teólogos contemporáneos (sobre todo Swinburne) que, a modo de argumento de autoridad, demostrarían que la ciencia nos conduce inexorablemente a la religión, puesto que “la ciencia se basa en el presupuesto de que el universo es totalmente racional y lógico en todos sus niveles”. Entonces, si fuese así, ¿por qué hay tantos científicos (Weinberg, Hawking…) que son ateos? Según revela una reciente encuesta, el 91% de los científicos norteamericanos más importantes (los que son miembros de la Academia de las Ciencias) no creen en un Dios personal.
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La verdad es que es difícil creer a Flew (o a su ventrílocuo Varghese) cuando afirma sin tapujos que las apenas 15 páginas del apéndice del libro escritas por el obispo Wright son “el mejor alegato en favor de las creencias cristianas que haya visto nunca”. Ya no haría falta, pues, leer las casi 900 páginas de ¿Existe Dios?, de Hans Küng, ni tampoco ninguno de los voluminosos tratados de los “nuevos teólogos” como Richard Swinburne (La existencia de Dios), Alvin Plantinga (Knowledge of God), Arthur Peacocke (Los caminos de la ciencia hacia Dios) o John Polkinghorne (La fe de un físico). Cuando Flew anuncia que el “cristianismo es la religión que más claramente merece ser honrada y respetada” y que “no hay nada comparable a la combinación de una figura carismática como Jesús y un intelectual de primera clase como San Pablo”, entonces empieza uno a sospechar que los rumores de que el libro refleja más las ideas de Varghese que las de Flew son ciertos (pues algunos críticos han detectado demasiados giros norteamericanos que un británico como Antony no utilizaría jamás).

Duro con la irracionalidad

A qué viene entonces tanto escándalo? ¿Es que un filósofo provecto no puede cambiar de opinión? Lo que aquí se dilucida en realidad es un problema más sutil e importante: la crítica despiadada de los nuevos ateos a la irracionalidad y peligrosidad de las creencias religiosas monoteístas, y muy especialmente al cristianismo y al islam. Y el libro de Flew-Varghese no es más que el enésimo contraataque del bando teísta a la furibunda “salida del armario” de los nuevos ateos. El verdadero objetivo de este panfleto es contrarrestar el éxito mediático de ese peligroso fenómeno conocido como “nuevo ateísmo” y atacar sus fundamentos epistemológicos (su burdo positivismo, a juzgar por sus críticos). La idea es dar a conocer a ese grupo de “nuevos teólogos” de origen anglosajón, poco conocidos aquí, y que Dawkins critica de manera inmisericorde en su libro tildándolos de “razonamientos grotescos típicos de las mentes teológicas”, especialmente un pasaje de Swinburne en el que “trató de justificar el holocausto basándose en que este había dado a los judíos la oportunidad de mostrarse valerosos y nobles”.
El fenómeno del nuevo ateísmo está formado por un grupo de pensadores norteamericanos (Dennet, Harris, Stenger) y europeos (Hitchens, Grayling, Onfray y Odifreddi) que han tenido un gran éxito de ventas y una enorme repercusión mediática. Romper el hechizo, de Daniel Dennet; El fin de la fe, de Sam Harris; Dios no es bueno y Dios no existe, de Cristopher Hitchens; ¿Existe Dios? El gran enigma, de Victor Stenger; Contra todos los dioses, de A. C. Grayling; Tratado de ateología, de Michel Onfray; o Por qué no podemos ser cristianos, de Piergiorgio Odifreddi, han conseguido en la esfera pública lo que denodadamente intentaron conseguir los ateos decimonónicos (como Marx, Freud o Nietzsche): expandir el número de no creyentes a un número crítico estadísticamente relevante que cambiara los cimientos de la sociedad y sus instituciones. Su tesis principal es que hoy día, con el conocimiento científico que poseemos, no es razonable ser creyente, aunque los teístas más sofisticados pretendan fundamentar su creencia en Dios en el teorema de Bayes, la lógica modal, el principio antrópico o los arcanos de la astrofísica.
Este ateísmo beligerante y sin complejos, que ya no teme resguardarse bajo la cómoda etiqueta de “agnosticismo” (que es el paraguas donde se resguardan los tibios de espíritu, pues el agnóstico vive en realidad como si Dios no existiera, es decir, que en la práctica se comporta como un ateo aunque en teoría no admita serlo), ha suscitado una rápida reacción de los teístas más avispados, que se han apresurado en publicar una serie de obras críticas con estos autores, como Dawkins en observación, de S. Hahn; Dios y el nuevo ateísmo, de J. Haught; El nuevo ateísmo, de F. Conesa; Eclipse de Dios, de J. Ayllón; y Razón, fe y revolución, de Terry Eagleton.
Si Dawkins ha capitalizado la mayor atención y críticas en el orbe anglosajón, Onfray lo ha hecho en el mundo francófono, pues su Tratado de ateología ha concitado al menos dos libros en su contra: L´anti-traité d´atheologie, de Matthieu Baumier, y Dieu avec esprit: Réponse à Michel Onfray, de Irène Fernandez.

¿Es posible el diálogo?

Entonces, ¿es posible el diálogo entre el ateo y el creyente? Algunos lo han intentado, con relativo éxito. Habermas dialogó con Ratzinger antes de que este fuese papa, como queda reflejado en Entre razón y religión: dialéctica de la secularización, aunque a algunos (como Flores d´Arcais) les parezca que el primero ha cedido más frente al segundo al decir que hay que “entender el proceso de secularización cultural y social como un doble proceso de aprendizaje que fuerce tanto a las tradiciones de la Ilustración como a las enseñanzas religiosas a una reflexión sobre sus respectivos límites” y que “la filosofía tiene motivos para mostrarse dispuesta a aprender frente a las tradiciones religiosas”. Vattimo, que considera que en nuestra época posmoderna no tiene sentido defender de manera fuerte el ateísmo y que ha recuperado de manera debilitada la fe católica de su infancia, recientemente ha mantenido un diálogo con ateos como Onfray o Flores recogido en ¿Ateos o creyentes?, y con teístas como Girard (¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo).
En España acaba de editarse una obra colectiva (¿Dios a la vista?) que reúne a los más destacados intelectuales españoles (creyentes y ateos) para reflexionar sobre esto, aunque más que un diálogo es una yuxtaposición de artículos que quizás deja caer la balanza más del lado teísta. Un verdadero diálogo podría encontrarse en Con o sin dios, un epistolario entre un filósofo creyente, Francesc Torralba, y un escritor agnóstico, Vicenç Villatoro, o en Hablemos de Dios, el cruce de cartas entre Victoria Camps y Amelia Valcárcel, que se han esforzado por entender el resurgimiento de la problemática religiosa desde una perspectiva secular.
Dentro de este grupo de ateos que encuentran que la religión representa algunos valores a preservar estarían Comte-Sponville (El alma del ateísmo: Introducción a una espiritualidad sin Dios), y Alain de Botton, que en Religión para ateos propone que los ateos inventen ciertos rituales e instituciones que sustituyan a los religiosos. De Botton considera “que se puede estar comprometido con el ateísmo y creer que, esporádicamente, las religiones son útiles, interesantes y consoladoras, y sentir curiosidad por la posibilidad de importar algunas de sus prácticas e ideas a la esfera secular”.
Pero quien, quizá, mejor ejemplifique el deseo de dialogar con la tradición religiosa y la teología es el ateazo marxista Eagleton, que en Razón, fe y revolución arremete contra la parcialidad y cortedad de miras de “Ditchens” (irónico término con el que se refiere a este fenómeno, un híbrido entre Dawkins y Hitchens), que desprecia lo que no conoce (la teología) y caricaturiza burdamente al bando contrario. Para Eagleton, “los fundamentalistas ateos son, en cierto sentido, la imagen especular invertida de los cristianos”, tanto en su desaforado celo como en su carácter obsesivo, pues muestran una “espeluznante ignorancia de la obra de varias generaciones de estudiosos bíblicos modernos”. Su problema es que no logran captar la naturaleza del pensamiento religioso y se comportan como un crítico literario incompetente. Se parecen “a aquel observador que piensa que una novela es un ejercicio defectuoso de sociología, por lo que no es capaz de verle sentido”. Al final del libro Eagleton se plantea la pregunta del millón: “¿Por qué somos tantos los que, inesperadamente, nos hemos puesto a hablar de Dios? ¿Quién iba a imaginar que la teología asomaría la cabeza de nuevo en este tecnocrático siglo XXI?”. Ahí queda. ❖ Gabriel Arnaiz

Ser de izquierdas según… Juan Carlos Monedero

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derecha_izquierdaEn la revista “Filosofía Hoy” aparece esta contribución de Juan Carlos Monedero.
En un año marcado por algunas citas electorales conviene ir reflexionando sobre las cuestiones políticas y desde las convicciones propias y bien fundamentadas buscar los partidos que mejor las encarnan. Comencemos por analizar qué es ser de izquierdas tal y como este catedrático y mediático profesor de Ciencias Políticas lo entiende.

1) ¿Qué te parece su contribución?

2) ¿En qué estás de acuerdo y en qué no?

3) ¿Cómo describirías tú las opciones y valores de la derecha?

La izquierda apuesta por el cambio social siempre que amplíe el número de los beneficiarios de la vida en común. También cada vez que solvente una situación de subalternidad. De izquierdas, según este criterio, serían Aspasia, la maestra de Pericles ,Espartaco, el Jesucristo del Sermón de la Montaña, Thomas Müntzer y sus campesinos levantados contra los príncipes, Manuelita Sáez y Túpac Katari enfrentados a la conquista española, Robespierre y Olympe de Gouges, los negros insurrectos de Haití comandados por Toussaint de Louverture, las comunards de París, Rosa Luxemburg, Lenin y Trotsky, Sandino, los revolucionarios de octubre del 34 o los luchadores en armas contra la dictadura de Franco. Era más fácil ser de izquierdas en el pasado. Miramos la historia con grandes trazos y eso siempre facilita las categorías.

¿Era de izquierdas Stalin? ¿Y Felipe González, asesor del hombre más rico del mundo?¿Y un sindicalista imputado por un uso indebido de fondos públicos? ¿Es de izquierdas alguien que le impide a las generaciones futuras disfrutar de un medio ambiente sano? ¿Y quien lucha contra la explotación laboral o contra el imperialismo norteamericano pero usa servicios de prostitución o desprecia a los inmigrantes? ¿Lo es quien en nombre de fines de inclusión ejerce la violencia, articula organizaciones autoritarias, obliga a sacrificios no consensuados o usa a las personas como piezas de sus objetivos liberadores? ¿Y quien olvida que una de cada dos personas en ese mundo de emancipación es mujer?

La izquierda es un aire de familia. Es más fácil que sea de izquierdas un programa político que un partido. Una evocación que una persona. La realidad siempre es mestizada y todos estamos llenos de contradicciones. Por eso hace fortuna decir “arriba o abajo”. Aunque tiene los mismos problemas. Como si los subalternos tuvieran cualidades morales superiores sólo por estar sometidos.

Ser de izquierdas, en cualquier caso, exige no ser egoísta. No hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros. Tener empatía, incluso con los que no han nacido y con otras especies. Dialogar constantemente la felicidad personal con la felicidad del grupo. Tener coraje para frenar a los abusadores. Buscar un equilibrio -que nunca será fijo- entre la libertad individual y la responsabilidad con el colectivo. Dejar que cada persona sea libre para tomar sus propias decisiones, enseñar a que cada cual sea consecuente con sus actos y exigir que sea responsable de los mismos. Y convertir todas estas intenciones en realidades sociales. No es extraño que haya tanta gente de derechas.

A raiz de la tragedia en el Mediterráneo de la pasada semana… (Ética 4º ESO)

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Un artículo para reflexionar. Deja tu opinión

Senegal: no queremos a su gente, pero sí a sus peces

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No tardarán en hundirse en el olvido las 700 personas ahogadas en el Mediterráneo el pasado 19 de abril, pero durante unos días más se oirán las recurrentes llamadas a luchar contra las mafias que las traen a Europa o las perversas afirmaciones que relacionan rescate y efecto llamada. Sin embargo, ningún gobierno se atreve a reconocer que habla de luchar contra un fenómeno que en buena medida contribuye a crear: sin necesidad de aludir a los intereses extranjeros que avivan los conflictos armados, basta recordar las numerosas riquezas en recursos naturales que posee el continente africano – coltán, uranio, gas, madera, diamantes … – que cruzan libremente las fronteras europeas sin que ese comercio ayude en absoluto al desarrollo de su economía ni de su población. La pesca en Senegal es un ejemplo que muestra perfectamente cómo su progresiva disminución, en la que colaboran ampliamente los intereses internacionales, empuja a muchas personas a la inmigración al privarlas de su fuente de trabajo y alimentación. Y en este comercio, España sí que es líder europeo.

El pasado 20 de noviembre se dio en España una paradoja absurda y cruel, pero muy elocuente. Pasado el mediodía, un avión despegaba de Barajas con destino Dakar. Era un vuelo de deportación en el que eran expulsados de suelo español algunas decenas de ciudadanos senegaleses. Seguramente una parte de ellos eran antiguos pescadores a los que las redes vacías habían empujado a buscar mejor suerte en otra orilla del mismo océano. El mismo día 20, algunos diarios informaban del acuerdo de pesca firmado entre la Unión Europea y Senegal por el que se permite a 38 buques europeos faenar en las aguas del país africano durante 5 años a cambio de 13.960.000 euros. (un 62,5% a cargo de la UE y el resto pagado por los armadores). 25 de esos barcos son españoles. Nuestro país niega los papeles a pescadores africanos, pero nadie se queja cuando abre una lata de atún.

La pesca en Senegal tiene una importancia fundamental para la economía y el desarrollo del país. Según datos oficiales de 2005, el sector pesquero daba trabajo a casi 60.000 personas, e indirectamente a más de 600.000 -una buena parte mujeres, dedicadas a la transformación del pescado-, y representaba casi un 2% del PIB, además de ser una fuente básica de proteínas para la mayoría de su población.

Sin embargo la importancia cada vez mayor de la pesca industrial frente a la artesanal está generando una creciente sobreexplotación, que lleva a una disminución de las captura y un alza en los precios. Esto arruina la economía de muchas familias al tiempo que pone en peligro la seguridad alimentaria de una buena parte de ellas. Gran parte de la flota industrial es de origen internacional, instalada en el país a raíz de acuerdos comerciales y de explotación en los años 70.

Según datos de la ONG Ayuda en acción, el volumen de capturas en Senegal ha descendido de 95.000 toneladas a 45.000 entre los años 1994 y 2005, las exportaciones de pescado han caído un 15% y el número de personas que se dedicaban al procesado y comercialización se ha reducido en más de un 50%.

Oferta insuficiente

Europa y particularmente España no pueden satisfacer su demanda de pescado con los recursos de sus aguas territoriales, por lo que han de buscar otros caladeros, y África occidental es uno de los más importantes. En 2006, Senegal decidió no renovar los acuerdos de pesca con la UE, pero las empresas europeas han podido seguir pescando en sus aguas a base de acuerdos privados o creando sociedades mixtas con empresas senegalesas.

Como recoge en su página web el ICEX, antiguo Instituto de Comercio Exterior, en 2014 cuatro empresas españolas trabajaban en Dakar en el sector pesquero. Soperka, del grupo Pereira; Sopecasen, del grupo Freiremar; Senevisa, perteneciente a Vieirasa; y la Asociación de Grandes Atuneros Congeladores, AGAC, perteneciente a OPAGAC. Según un estudio de la Universidad de Sevilla, “España lidera la formación de empresas mixtas, gran parte de ellas creadas con ayudas públicas a través del lobby Cluster de Empresas Pesqueras en Países Terceros, uno de cuyos socios es la Secretaría General del Mar del Gobierno español”.

El acuerdo firmado con Senegal permitirá a 38 embarcaciones comunitarias capturar anualmente 14.000 toneladas de atún. Los buques españoles que obtendrán licencia para faenar serán 16 atuneros cerqueros, 7 cañeros y 2 arrastreros, autorizados estos últimos a la pesca “experimental” de merluza negra con capturas accesorias de cefalópodos, crustáceos y otras especies demersales (del fondo marino).

Como era de esperar, el convenio con la Unión europea ha causado numerosas protestas entre los pescadores africanos, que temen que este acuerdo contribuya a la sobreexplotación de su patrimonio pesquero. En declaraciones a Radio Nacional, Babacar Gaye, presidente de la Asociación de Jóvenes Pescadores de Saint Louis, se quejaba de que “38 barcos durante 5 años son datos que dan miedo. El pescado está desapareciendo. Estos barcos son como fábricas, pescan y tratan en el mar. Lo están destruyendo, deberían tener límites, pero nosotros no tenemos medios para controlar eso. No es solo una cuestión de dinero”.

Monstruos marinos

En efecto, la capacidad de pesca de muchos de los buques de la flota internacional supera con creces la de las naves utilizadas por aquellos que practican la pesca artesanal. Como muestra un ejemplo que recoge Greenpeace en un reciente informe llamado Monster Boats: “Se necesitarían más de 50 embarcaciones tradicionales mauritanas faenando un año entero para capturar lo mismo que un buque perteneciente a la Asociación de Arrastreros Congeladores de Pesca Pelágica captura y procesa en un solo día”.

En este mismo informe se denuncian algunas de las técnicas que usan los grandes buques de pesca. Por ejemplo los atuneros cerqueros, que emplean dispositivos de agregación de peces (FAD), objetos flotantes que atraen a los peces a las redes de cerco, pero que confunden también a ejemplares jóvenes, “además de muchas especies que no son objetivo, como tiburones y tortugas”. O las prácticas destructivas de los arrastreros de profundidad, que con unas redes “que pueden cubrir el área de varios campos de fútbol, son en la actualidad la mayor amenaza para la biodiversidad de los fondos marinos” y acaban devolviendo al mar, muertos, muchos de los animales que capturan.

De los 20 barcos europeos que Greenpeace denuncia en su lista por estar sobredimensionados y ser una amenaza para la sostenibilidad de los mares, cinco de ellos son españoles. Se trata de los cerqueros vascos Txori Argi, Albacora Uno y Albatún Tres (estos dos últimos pertenecientes a OPAGAC), y los arrastreros de fondo gallegos Eirado do Costal y Playa de Tambo.

Pesca ilegal subvencionada

La pesca ilegal es otra de los problemas a los que se ha de enfrentar Senegal, al igual que otros países de la zona. Según la organización británica Environmental Justice Foundation, las aguas de Africa Occidental sufren los niveles más altos de pesca INDNR (ilegal, no documentada, no reglamentada) con un valor de entre 828 y 1.600 millones de dólares cada año. En una investigación de dos años y medio realizada en aguas de la zona, concretamente en Sierra Leona, la Fundación recibió 252 denuncias y detectó 10 buques distintos que realizaban numerosas prácticas ilegales como pescar en zonas prohibidas, ocultar sus nombres, transbordar pescado ilegalmente en alta mar, atacar a pescadores legales y destruir las artes de pescado artesanales o abusar laboralmente de sus tripulaciones.

En esta investigación también detectaron que muchos de los barcos que pescan ilegalmente poseen certificados para exportar sus productos pesqueros a Europa, en cuyos mercados “blanquean” sus capturas ilegales. Las Palmas fue uno de los puertos señalados por la Fundación británica como fundamental en este comercio y “la llave para evitar la entrada de pesca ilegal en la Unión Europea”.

Tanto el Txori Argi, de la compañía Inpesca, como el Albacora Uno, del grupo Albacora, están incluidos en la lista negra de Greenpeace y la organización ecologista ha denunciado frecuentemente su implicación en casos de pesca INDNR. El mencionado informe Monster Boats recuerda por ejemplo que al buque Txori Argi se le “pilló en 2012 pescando sin licencia de pesca en la Zona Económica Exclusiva de Mozambique y fue multado con 1,2 millones de euros”. Al Albacora Uno le atribuye numerosas infracciones como el uso ilegal en 2010 de 67 dispositivos agregadores de peces (por lo que fue multado por Estados Unidos con casi cuatro millones de euros) o el ser descubierto en 2012 en aguas de las Islas Marshall con 18 cadáveres de tiburón a bordo, lo que le valió una multa de 55.000 euros.

Las multas impuestas al grupo Albacora son frecuentes. Siempre según datos de Greenpeace, el Albacora Uno fue multado en 2013 con cerca de un millón de dólares por seis casos de pesca ilegal; el mismo año otros cinco buques de la empresa “fueron hallados pescando atún sin licencias válidas en aguas de Liberia, pero OPAGAC intercedió para que el asunto se solucionase fuera de los tribunales con un pago de 250.000 dólares”.

Es la sucesión de este tipo de casos lo que hace a la organización ecologista denunciar este modo de negocio elegido por algunas empresas como Albacora de preferir pagar las multas por pesca ilegal porque “son bajas y hay pocas o nulas consecuencias tras robar estos recursos”.

Tanto los propietarios del Txori Argi como del Albacora Uno han recibido, a pesar de su implicación en casos de pesca INDNR, millonarias subvenciones de la Unión Europea. La construcción del Albacora Uno fue subvencionada con 3.773.141 euros; la del Albatún Tres, con casi cinco millones de euros y la del Txori Argi, con 4.674.240 euros.

Siguiendo con la implicación en pesca INDNR de las empresas instaladas en Senegal, un informe de la ONG Setem recoge un caso de pesca ilegal en el que está implicada la empresa mixta hispano senegalesa Soperka, controlada por el grupo español Pereira: en 2008, uno de sus buques, el palangrero Al Amine, fue detenido en Madagascar con 33 toneladas de productos derivados del tiburón pero sin licencia de pesca. En el momento de su detención el barco llevaba bandera senegalesa, aunque anteriormente había tenido bandera española y luego de Namibia.

Banderas de conveniencia, los paraísos fiscales del mar

La existencia de las banderas de conveniencia y la posibilidad de cambiar frecuentemente de pabellón es una de las estrategias más usadas por las compañías pesqueras para eludir los controles. Son una suerte de paraíso fiscal o legal flotante, ya que a los barcos se les aplica la ley del Estado en el que se matriculan y son estos los encargados de vigilar las actividades de los barcos que enarbolan su bandera. Comprando un pabellón de un Estado que no tenga capacidad o voluntad de control, los dueños de un pesquero se garantizan las menos molestias posibles ni sobre el tipo de pesca que realizan ni sobre las condiciones con que esta se lleva a cabo, burlando de esta manera la normativa medioambiental, laboral y fiscal.

Greenpeace ha denunciado en varias ocasiones un fenómeno que ellos denominan “exprimir las banderas”, por el cual los propietarios de los buques establecen sociedades pantalla para abanderar los barcos en un país distinto a donde tienen la sede para poder eludir los límites sobre la capacidad pesquera o acceder a cuotas de pesca o subvenciones de otros países. La facilidad para cambiar de pabellón dificulta aun más la identificación de la nave y la lucha contra la pesca ilegal, así como el poder identificar a los verdaderos propietarios de un barco que pesca ilegalmente, y más aun sancionarlos. Para contrarrestar esta falta de control, varias organizaciones, como la Environmental Justice Foundation, han solicitado a la FAO elaborar un registro mundial de buques pesqueros asignando a cada uno un Identificador Único de Buque, que contenga su historial, información de sus implicaciones en casos de pesca INDNR, así como de las zonas en las que tiene licencia para pescar.

En Monster Boats, Greenpeace resalta el caso del grupo Albacora, cuyos 18 buques capturaron en 2012 un total de 171.000 toneladas de pescado en los océanos Pacífico, Indico y Atlántico. Sin embargo, sólo seis de estos barcos tenían bandera española, porque los otros doce enarbolaban pabellón de Curaçao, Ecuador, las Seychelles, Panamá o Kiribati.

 

http://www.lamarea.com/2015/04/28/senegal-no-queremos-a-su-gente-pero-si-a-sus-peces/